Eris caminó hacia donde el Asko aguardaba. Él la rodeó entre sus brazos en cuanto la tuvo a su alcance y ella le apoyó la frente en el pecho, con los barrotes de por medio.
—He visto tu rostro incluso en mis sueños, como si hubieran pasado mil vidas desde la última vez que te tuve entre mis brazos. Te añoro como a la luz del sol. Incluso he deseado nuevos combates si volver a estar contigo es mi recompensa. ¿Qué hay de ti? ¿Me has extrañado? ¿Por qué hueles a sangre?
Eris soltó un suspiro cans