Mary se sentía completamente sola, a pesar de la compañía ocasional de Rafaela. No estaba acostumbrada a tantos lujos ni a que todos estuvieran tan pendientes de ella. La servidumbre la trataba como a una reina, y eso, lejos de halagarla, la incomodaba.
Esa mañana se despertó con el deseo de hacer algo diferente. Le sirvieron un delicioso desayuno en el amplio comedor de diez puestos; todo le parecía inmenso ahora. Rafaela, siempre tan ocupada, apenas se dejaba ver por la casa.
Después de una l