Cien años después
La casa blanca frente al mar ya no pertenecía a una sola familia. Se había convertido en un pequeño museo privado abierto solo algunos días al año. Los visitantes entraban en silencio, caminaban por las habitaciones conservadas y se detenían frente a la placa en la playa que decía:
“Aquí vivió Valeria Ferrera.
Prisionera que se convirtió en leyenda.
Madre de generaciones libres.”
Una joven de diecinueve años, Valeria VI, estaba sentada en la misma mecedora donde su tatarabuela