Ciento ochenta años después
La casa blanca frente al mar ya casi no parecía una casa. Se había convertido en un monumento histórico protegido por el gobierno portugués. La Fundación Valeria Ferrera había crecido tanto que ya no cabía en aquel lugar. Solo quedaban la estructura original, el jardín y la playa, convertidos ahora en un espacio de memoria y reflexión.
Valeria XII, de veintisiete años, era la última persona de la familia que aún llevaba el nombre. Trabajaba como oceanógrafa y solo re