Los siguientes tres días fueron una tortura lenta y silenciosa.Valeria apenas salía de su habitación. Solo lo hacía para comer cuando la señora le llevaba la comida y para mirar por la ventana durante horas, como si buscara una forma de escapar de ese lujoso encierro.Alejandro, por su parte, parecía estar respetando el trato. No entraba a su habitación sin tocar, no la presionaba y apenas cruzaba más de dos palabras con ella durante las cenas. Pero su presencia se sentía en todo el penthouse. Cada rincón parecía recordarle que él estaba allí, esperando.La mañana del cuarto día, Valeria se despertó con una nota deslizada por debajo de la puerta:"Te espero en la terraza a las 8:00 pm. No me hagas esperar. - A."Valeria arrugó la nota con fuerza. Estaba cansada de órdenes. Cansada de sentirse como una prisionera bien vestida.Esa noche, decidió no bajar.Se quedó en su habitación, sentada en la cama con las luces apagadas, desafiándolo en silencio. Pasaron las 8:00, las 8:15, las 8:3
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