Doscientos años después
La casa blanca frente al mar ya no existía como tal. Solo quedaban los cimientos de piedra, cubiertos de enredaderas y flores silvestres. El tiempo y las tormentas habían hecho su trabajo. Sin embargo, el lugar seguía siendo sagrado. Cada año, en el aniversario de la publicación del libro de Valeria, cientos de personas llegaban en silencio para dejar flores, cartas y velas en la playa.
Una joven de veinticuatro años, llamada Valeria Ferrera XXI, estaba de pie en lo que