Setenta y cinco años después
La casa blanca frente al mar ya era un monumento vivo. Los turistas la visitaban en silencio, dejaban flores en la placa de la playa y se iban susurrando la leyenda de “la mujer que derrotó al dragón”. Los guías locales contaban la historia con respeto, sin sensacionalismo: la de Valeria Ferrera, la prisionera que se convirtió en faro.
Una joven de veintidós años, Valeria IV (tataranieta de la original), estaba sentada en la misma mecedora donde su bisabuela había p