MASSIMO
— ¿Acaso nunca te has preguntado por qué jamás te he puesto una mano encima? —pregunto con la voz baja, mientras la acorralo contra la mesa de roble.
Sienna apoya ambas manos sobre la superficie y yergue la espalda, como si eso pudiera evitar que note su timidez. Pero ya es demasiado tarde.
— ¿Y eso qué tiene que ver con lo que estamos hablando?
— Todo.
Traga saliva, nerviosa por mi cercanía. Me encanta ponerla en este estado. Es un deleite para mis ojos.
Me acerco un poco más, inclinánd