9. Bienvenida
Indra.
Dante nos esperaba en el patio repleto de camionetas y de escoltas extranjeras.
El diablo estaba jugando toscamente con Samuel.
Cuando Dante me vio sus ojos recorrieron de pies a cabeza mi cuerpo, después el hombre le dio un trago a su cantimplora metálica.
Me cubrí el cuerpo lo mejor que pude con la gabardina de piel de oso hasta los tobillos.
Las esposas hacían más tedioso cualquier proceso aún cuando ya me había acostumbrado a ellas. Me las quitaban solo para cambiarme de ropa y