26. Este mundo
Indra.
Mis manos temblaron sin control al sostener el duro papel dorado entre ellas.
Me quedé sentada al borde de la gran cama de Fausto, analizando la fina invitación a mi boda.
Me iba a casar.
¿Entendía todo lo que esto conllevaba?
Fausto no estaba en Cancún. Se había marchado exactamente hace dos semanas, justo después de pedir formalmente mi mano ante mis padres en una escena que más parecía un drama fingido, coronado con una pequeña cena en casa como celebración.
Creo que Emiliano estaba m