25. Destino
Indra.
La madera de mi puerta se azotó contra la pared. Abrí los ojos aterrada, intentando correr por inercia, lejos del peligro.
Lo único que evitó que mi cuerpo se estrellara contra el suelo fueron los brazos pesados que, sin cuidado alguno, me seguían sujetando contra la cama.
Solté todo el aire contenido al incorporarme un poco.
El cuello me dolía por la mala postura en la que había dormido, como si manos invisibles aún lo apretaran, como si siguieran sujetándome con sus garras.
Vladimir m