El eco de las palabras de Vance en la conferencia de prensa había llegado a los rincones más profundos del complejo de detención. Para Rebecca fue la confirmación de su victoria. Horas después, la pesada puerta de su celda se abrió. No había guardias con armas, solo un par de mujeres con uniformes médicos.
—Señorita Thorne —dijo una de ellas, su voz neutra—. El Presidente Vance ha ordenado su traslado.
Rebecca asintió, una sonrisa apenas perceptible dibujándose en sus labios. Sabía lo que venía