El grito ahogado de Nathaniel Vance resonó en el área de maternidad, una nota disonante en el caótico ambiente.
La palabra "desaparecido" se clavó en su corazón como un cuchillo helado. Sus piernas cedieron, y se desplomó contra el suelo, el pitido de su monitor de tobillo la única banda sonora de su colapso. David Hayes y Benjamin Carter se arrodillaron a su lado, sus propios rostros pálidos de horror.
—¡Mi hijo! —Vance apenas pudo susurrar, sus ojos desorbitados fijos en el Doctor Caldwell, q