El foco solitario iluminaba a Rebecca Thorne, sentada en el suelo del almacén, acunando al bebé de Vance. Su voz, un susurro suave y desafinado, cantaba una canción de cuna, mientras el pequeño dormía plácidamente en sus brazos. La escena era la personificación de la pesadilla de Vance. El aliento se le atascó en la garganta mientras pronunciaba su pregunta.
—Rebecca, ¿qué hiciste?
Rebecca levantó la mirada, sus ojos, antes llenos de la furia que Vance conocía, brillaban con una extraña dulzura