El restaurante, cerrado solo para ellos, era un oasis de calma en medio del caos de sus vidas. La luz tenue de las velas bailaba sobre el mantel blanco, creando sombras cálidas en la porcelana y el cristal. El suave sonido del jazz, un saxofón melódico que se sentía como un susurro, se esparcía por el lugar, llenando el aire de una calidez que se sentía como un abrazo.
El aroma a vino tinto y a una comida exquisita se mezclaba en el ambiente, pero Nathaniel y Anastasia apenas se dieron cuenta.