Había pasado un mes desde la muerte de Ellis.
El eco de los disparos en la fábrica abandonada y el grito final del hombre que intentó destruir sus vidas se había disipado, dejando un silencio que, por primera vez en años, se sentía como paz. Las cosas habían vuelto a su lugar, o al menos, a un nuevo lugar. Vance se había recuperado por completo de sus heridas. Las cicatrices en su pecho eran un recordatorio silencioso de su dolor, pero el amor en sus ojos era la prueba de su sanación.
Una tarde