El tenue crepitar del fuego en el viejo supermercado se estaba apagando. Vance y Anastasia se sentaron en el suelo de concreto, sus cuerpos encogidos, tratando de absorber hasta el último vestigio de calor. El papel y las cajas de cartón que habían encontrado se habían consumido por completo, y el frío volvía a colarse en el interior. La oscuridad de la noche se sentía más densa, más opresiva, y la esperanza que habían sentido al encontrar el refugio se estaba desvaneciendo.
Anastasia quería se