59. La Rebelión de los Lobos
Matteo bajó lentamente las manos de las solapas de Amir, dando un paso atrás mientras se presionaba la herida sangrante con una mueca de dolor físico y una derrota psicológica absoluta. Sabía que Elena tenía razón; sus celos lo habían vuelto ciego y casi lo matan en la llanura de sal, y ahora lo estaban alejando de la única mujer que amaba con una intensidad destructiva.
Nikos bajó el fusil de asalto, poniendo el seguro con un clic metálico que sonó como una disculpa silenciosa. Se pasó la man