78. El Sello de los Ancianos
Las balas de calibre 5.56 impactaron contra las columnas labradas, desprendiendo astillas de mármol y pedazos de pan de oro que llovieron sobre los tres hombres como una escarcha maldita. En ese espacio confinado, el estruendo de los disparos era ensordecedor, un rugido que se multiplicaba en las bóvedas del palacio y que anulaba cualquier posibilidad de comunicación verbal. Ya no hacían falta las palabras; los tres lobos operaron en una coreografía brutal de supervivencia cruzada, una danza de