83. La Bala y la Alarma
El olor a yodo y a alcohol medicinal se mezclaba de manera nauseabunda con el rastro rancio de la pólvora quemada que los tres hombres y Elena habían arrastrado consigo desde los pasillos superiores. La enfermería privada del ala oeste del palacio de Jebel Ali era un espacio gélido, aséptico, revestido de bloques de piedra blanca que devolvían una luz pálida y fantasmal, la luz desvaída de una mañana que avanzaba sin piedad sobre el caos del emirato. En el centro de la estancia, rompiendo la pu