58. La Tregua del Acero
—Mide tus palabras en mi base de operaciones, De Luca —siseó Amir, su voz un trueno de baja frecuencia que hizo vibrar el acero de las paredes —Elena está bajo mi protección y en mi palacio. Si el Melik respira el mismo aire que ella esta noche es porque sus milicias aún sostienen los pozos de mis ciudades. No confundas la estrategia del soberano con tu debilidad criminal. Ella me pertenece, y yo decido cómo aplastar al norte sin que tu histeria europea interfiera en mi reino.
En medio de los