Mundo ficciónIniciar sesiónRosalie Russo tenía diecinueve años cuando una noche prohibida junto con Aiden King, un SEAL de la Marina y el mejor amigo de su hermano, le destrozó el corazón. Al tacharla de error y alejarla con frialdad, Aiden hizo añicos todo lo que ella creía que había entre los dos. Dos semanas más tarde, descubrió que estaba embarazada y se enteró de que Aiden había estado comprometido desde el principio. Devastada, desapareció sin dejar rastro. Siete años después, Aiden dio con ella mientras intentaba salir adelante a duras penas como madre soltera. Jamás llegó a casarse con su prometida y había pasado todo ese tiempo buscando a Rosalie. Ahora que sabía que Lucy era su hija, estaba decidido a reunir a su familia. Pero Rosalie se negaba a ceder ante el hombre que la había destruido. A medida que se desataba una encarnizada batalla por la custodia y resurgían los viejos deseos, se vieron obligados a enfrentar la verdad: Aiden la había apartado para protegerla de sus propios demonios, y Rosalie había huido en lugar de luchar por los dos. ¿Podrían dos almas rotas construir algo hermoso sobre las ruinas de su pasado?
Leer másPunto de vista de RosalieLa tarde de un jueves, un número desconocido apareció en la pantalla.Casi dejé que la llamada pasara al buzón de voz.Con los años, había adquirido la costumbre de no responder a números desconocidos. En parte por precaución, esa que nace tras pasar siete años haciendo todo lo posible para que no te encuentren. Y en parte porque, por lo general, se trataba de equivocaciones o de vendedores, y no tenía energía para lidiar con ninguna de las dos cosas.Contesté al cuarto timbre impulsada por algo. No habría sabido explicar qué. Fue un instinto ajeno a la lógica.—Rosie.Al escuchar esa voz, mi mundo se tambaleó. Me senté, y no por voluntad propia.Las piernas tomaron la decisión por mí; de pronto me vi en una silla de la cocina, con el teléfono apretado contra la oreja y cada nervio del cuerpo vibrando por una sensación indescriptible.Era la voz de mi hermano. Siete años... Habían pasado siete años desde la última vez que la escuché en vivo.Solo había hablad
Punto de vista de AidenLlevaba seis semanas alojado en el Grandview.Pagar cuatro mil dólares la noche durante seis semanas resultaba insignificante desde un punto de vista práctico, pero simbólico en todo lo demás.No necesitaba vivir en una suite presidencial.Crecí en un apartamento de dos habitaciones, con goteras en el techo y un padre que se gastaba el dinero de la renta antes del primer día del mes.Ahora tenía dinero porque me lo había ganado. A base de trabajo duro y con la singular determinación de quien recuerda con exactitud lo que se siente no tener suficiente.Pero jamás había confundido la comodidad con el propósito.El apartamento de la calle Addison estaba a veinte minutos en auto del edificio de Rosie.Tenía tres habitaciones, una cocina decente y se encontraba en un edificio con un ascensor que sí funcionaba.Ese detalle era fundamental para mí.El del edificio de Rosie llevaba averiado desde antes de mi llegada, por lo que ella subía cuatro tramos de escaleras a d
Punto de vista de AidenMarcus llamó la mañana de un martes mientras yo firmaba un contrato de alquiler.Dejé que el teléfono sonara.Volvió a llamar mientras yo subía al tercer piso del edificio de la calle Addison con la primera caja de una entrega. También ignoré esa llamada.Para cuando los encargados de la mudanza por fin terminaron de subir el resto de las cosas —la estructura de la cama, un sofá decente y una mesa de cocina que cumpliría su propósito—, ya tenía cuatro llamadas perdidas y un mensaje de texto que decía: «Sé que sigues en esa ciudad. Llevas ahí seis semanas. Tenemos una reunión para revisar los contratos de defensa en once días y dos clientes preguntan dónde estás. Devuélveme la llamada o tomo un avión».Lo llamé.Marcus Chase había sido mi socio comercial durante cuatro años.Nos conocimos en una etapa en la que yo intentaba orientar mis inversiones hacia proyectos más estructurados. Él poseía el sentido práctico del que yo carecía, y yo contaba con los contactos
Punto de vista de Rosalie—¿Puedo llevar el estuche grande? —preguntó Lucy.Sostenía una caja de acuarelas de veinticuatro colores.—Puedes llevar lo que quieras —dijo Aiden.Lucy dejó caer la caja en la pequeña cesta que él cargaba y avanzó a la siguiente sección.Yo contemplaba un exhibidor de pinceles redondos, sin la menor intención de comprar ninguno, cuando ella formuló la pregunta.Su voz sonó clara y directa, la forma en que solía preguntar la mayoría de las cosas.—Capitán Aiden —dijo—, ¿vas a ser mi papá?La tienda en realidad no se quedó en silencio.El ruido de fondo continuó. Alguien hablaba en la registradora y la música fluía desde un pequeño altavoz cerca de la entrada. El murmullo habitual de un negocio en medio de su jornada.Pero algo en mi mundo inmediato se congeló.No me di la vuelta.Me quedé donde estaba frente al exhibidor, sosteniendo un pincel redondo del número seis sin verlo realmente, y esperé.Aiden emitió un leve sonido.No una respuesta, una respiració





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