82. Los Diez Minutos del Escorpión
—La corona ya no escucha a los traidores —rugió Amir, su voz un trueno que hizo vibrar las láminas de oro de la bóveda —Ese hombre llevaba mis insignias en el pecho, Suleiman, pero tu marca en la piel. Me pidieron que defendiera el reino de las milicias del este mientras enviaban a mis propios soldados a clavarle una daga por la espalda a la mujer que legaliza mi agua. Han convertido este Diwán en un mercado de asesinos.
Elena Rossi aprovechó el silencio de estupefacción que siguió a las pala