Los días pasaron, lentos al inicio, llenos de cuidados, revisiones y silencios cargados de miedo contenido, pero al fin llegó el momento que Miguel había estado esperando desde aquella noche interminable: le dieron el alta a Miriam, y aunque el médico había sido claro en que debía cuidarse, eso para Miguel significaba algo muy distinto a lo que cualquiera imaginaría.
No se despegaba de ella. Ni un segundo.
La llevaba en una silla de ruedas por el pasillo del hospital, empujándola con una expres