Los hombres de Adriano limpiaron todo con una rapidez impresionante. En menos de lo que cualquiera podría imaginar, la habitación volvió a parecer normal, como si nada hubiera pasado. Mientras tanto, Gerald y Adriano, vestidos como paramédicos, se encargaron del cuerpo de Rachel. Nadie notó nada entre el caos habitual del hospital, entre médicos corriendo y pacientes reales entrando y saliendo.
Una hora después… Volvían a la habitación como si nada hubiera ocurrido.
—No sabía que tenías ese tal