Las puertas de la clínica se abrieron de golpe.
—¡Ayuda! —gritó Erick, entrando con Amelia en brazos, su voz quebrada, desesperada, mientras Adriano iba a su lado abriéndose paso.
El personal ya los esperaba. Una camilla apareció de inmediato.
Erick la dejó con cuidado, aunque sus manos temblaban tanto que apenas podía soltarla.
—¿Qué pasó? —preguntó el doctor, moviéndose rápido mientras comenzaba a revisarla.
—Se cayó por las escaleras… —respondió Erick con dificultad— alguien entró a la casa…