Miguel y Miriam llegaron corriendo a la clínica, agitados, con el miedo marcado en el rostro. Adriano caminaba de un lado a otro por el pasillo, con el ceño fruncido y las manos tensas, como si en cualquier momento fuera a romper algo.
—¿Cómo está? —preguntó Miguel de inmediato.
Adriano negó levemente.
—No sé nada… se llevaron a Erick adentro… pero nadie ha salido…
El silencio cayó pesado entre los tres.
El sonido lejano de máquinas… pasos… voces apagadas… todo se mezclaba en una espera que par