La noche era densa. En el apartamento temporal donde se ocultaban, las luces estaban apagadas. Solo la pantalla del computador de Valentina iluminaba la sala como un altar de batalla. Afuera, la ciudad seguía latiendo, ajena a que, en ese rincón, se estaba gestando una caída histórica.
Tomás miraba el archivo que acababan de recibir de un contacto anónimo. Era un audio filtrado, grabado hace más de un año. En él, Isabel Duarte discutía con una voz masculina —según el espectrograma de sonido, un