La ciudad parecía contener el aliento. Las noticias sobre la inminente apertura del juicio contra Isabel Montenegro no solo habían tomado las portadas, sino que se habían incrustado en las conversaciones de cafés, taxis, oficinas y hasta en las colas de los supermercados. El país entero esperaba ver cómo la mujer que por años había manejado las sombras y el poder enfrentaría, por fin, la luz de la justicia.
En medio de esa tensión nacional, Valentina sentía que su vida estaba atravesando un ca