La sala de prensa frente al Palacio de Justicia era un latido insoportable: flashes, micrófonos, cables enmarañados y la respiración contenida de quienes esperaban la próxima noticia que reescribiera la mañana. Valentina Duarte cruzó el umbral con paso medido; su traje marfil cortaba las sombras y su rostro, aunque sereno, tenía la luz de quien carga una certeza nueva: la de haber roto el miedo.
Los senadores que ayer la evitaban ahora se le acercaban con sonrisas calibradas; las manos que ant