—Una escapada no nos haría mal —dijo Valentina, con una sonrisa suave mientras se servía café en la cocina de Sebastián—. El estrés, los medios, los contratos… podríamos ir a Santa Marta unos días. Tomás también necesita desconectarse.
Sebastián la miró con atención.
—¿Santa Marta? ¿Y ahora tú proponiendo descanso?
—No todo es pleito y poder, Reyes. A veces, hasta los tiburones necesitan flotar.
Él sonrió, aunque algo en su mirada seguía recelosa.
—¿Quién más va?
—Tomás… y una amiga de él. Alej