Mundo ficciónIniciar sesiónEthan Draco pasó de ser un guardaespaldas al CEO de una cadena de joyerías súper poderosa, el padre de Grecia la heredera de ese imperio quiere que ellos se casen, porque confía en él. ¿Logrará casarlos? ¿Será solo un convenio o nacerá el amor? ¿Los enemigos del pasado tratarán de separarlos?
Leer más—Gracias por traerme —dijo Emma en la puerta de su edificio. —Espera —Hermes se quitó el cinturón de seguridad y se acomodó más seca de ella —¿en serio te caigo mal o es miedo contenido? —¿Miedo? Miedo a qué. —A esto. Hermes, sin darle tiempo a Emma para que analizara le agarró el rostro y la besó, se separó solo unos segundos de ella para ver la reacción de la muchacha y al ver que todo estaba bien, sonrió y la volvió a besar, enredaron las lenguas como si no hubiese un mañana, dejó de de besarla en la boca para adueñarse de su cuello. —¡Ah! —Emma gimió al sentir las manos de él rosándole un pezón. —Me gustas Emma —le dijo mirándola fijo a los ojos —me gustas desde la primera vez que te vi. —En cambio tú me caes mal, eres prepotente, me desnudas con la mirada —le contestó ella molesta y excitada por igual. —Te desnudo con la mirada mientras que no pueda hacerlo con mis manos, porque si Emma, te voy a follar —le dijo serio—el cuando depende de ti, pero va a suceder.
—Buenas noches, me alegro que hayas aceptado mi invitación. —Em…digamos… que acá su amigo es muy persuasivo—respondió Emilio incómodo y mirando a Claudio. Esteban sonrió, Claudio era su hombre de confianza, llevaba años trabajando para él, así que sabía muy bien cuan persuasivo podía llegar a ser. —No te preocupes por él, es como un perro viejo, ladra pero no muerde —hizo una pausa dramática—a menos que sea necesario. Emilio tragó en seco. —Pero siéntate hombre siéntate que tenemos cosas importantes que hablar. *** —¡¿Invitación?! —Hermes, si que tienes la cara dura —le dijo Draco a su amigo bajito, para que no lo escucharan su esposa y Emma que estaban en la sala —tú lo que andas es detrás de Emma y por eso todo este teatro. —Tú inventaste el tuyo y ahora yo tengo todo el derecho de inventar el mío, permiso. Dejó a Draco parado en la entrada y él entró a la sala como si fuera un galán de telenovelas turca. —Buenas noches muchachas —dijo Hermes con una sonrisa de o
Varios días después…—¡Ah! —gritaba Grecia mientras que Draco le daba más duro y le intentaba tapar la boca.La tenía recostada a su escritorio y bien empinada, ni tan siquiera se habían desvestido, solo lo imprescindible.—Te gusta que te dé duro ¿ verdad? —¡Si, si más, quiero más!Draco siguió penetrándola bien adentro, bien duro.—Eres mi mujer, mi amante, mi puta —le agarró el rostro y se lo volteó para que lo mirara —todo lo quiero contigo, todo ¡ah! —de vino por completo dentro de ella. En eso el teléfono de Draco comenzó a sonar, era un mensaje.—¡Mierda, mierda!—¿Que pasó? —le preguntó Grecia asustada.—Es Hermes, viene para acá ahora mismo, ponte el pantalón ya.—¡Dios mío! Esto…esto huele—olfateó Grecia —aquí huele a semen —dijo bajito como para que nadie la escuchara. Que vergüenza por Dios.Ambos se compusieron a la velocidad de la luz y Grecia roció en el aire un poco de perfume que siempre guardaba en uno de sus cajones.—¡Entra Hermes! —gritó Draco al escuchar que t
Comenzó besándole los senos, alternaba entre besos tiernos y posesivos, entre lamidas y chupadas de los pezones, incluso, una que otra pequeña mordida. A Grecia eso la fue relajando y por ende, excitando. —Quítame la camisa —le ordenó Draco. Grecia, le desabotonó la camisa con delicadeza, Draco, se la acabó de quitar por completo.—Quiero verlo.—¿Mi tatuaje?Grecia asintió.Draco se viró de espalda y se bajó su pantalón para dejar al descubierto un hermoso y enorme tatuaje, era un dragón, le abarcaba gran parte de su espalda y la cola llegaba hasta una de sus nalgas.—Lo habia visto un dia cuando nadabas en la piscina de mi casa —le dijo Grecia mirándolo embobada—desde ese día me moría de curiosidad por verlo completo, es hermoso.Le acarició y le besó cada linea, cada trazo cada silueta —eso es lo que significa tu apellido ¿cierto? —le preguntó entre una que otra caricia.—Si, viene del Latín, en mi caso tengo ascendientes italianos ¿te gusta?—Mucho.—¿Solo el tatuaje o su port





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