Mundo ficciónIniciar sesiónEthan Draco pasó de ser un guardaespaldas al CEO de una cadena de joyerías súper poderosa, el padre de Grecia la heredera de ese imperio quiere que ellos se casen, porque confía en él. ¿Logrará casarlos? ¿Será solo un convenio o nacerá el amor? ¿Los enemigos del pasado tratarán de separarlos?
Leer más—Mi amor, no te pongas asi, ya viste lo que dijo tu padre, está muy complacido por nuestra boda.
—Yo lo sé, pero no puedo negarte que me siento muy triste, solo falta una semana para nuestra boda y no sabemos si va o no a regresar, hace ya un mes que supuestamente se fue y nadie sabe donde está exactamente. Grecia Altamira, ese era el nombre de la heredera de joyerias Altamira, eran joyerías muy grandes y lujosas, tenian varias por todo el pais, contaban con los mejores diseñadores que creaban piezas exclusivas y muchas veces exóticas para los millonarios del mundo entero. Su padre Antonio Altamira, el dueño de todo ese imperio llevaba un mes apróximadamente desaparecido, al principio todos se preocuparon pero después de que el propio Antonio se comunicara con su hija para decirle que habia pasado con él, pues cada quien siguió con su rutina de vida, pero Grecia no estaba muy convencida de ello, pensaba que habia algo raro en ese supuesto retiro de su padre. —Grecia, tu padre ya tiene una edad un poco avanzada, es normal que muchas veces se sienta extresado, no es fácil la carga que lleva. No está mal que se tome un descanso, ya verás que nos da la sorpresa, unos dias antes o quizás el mismo dia de nuestra boda. —Emilio, ¿crees que de verdad venga? —le preguntó Grecia a su prometido con cara un poco triste. —Yo creo que si, pero de todas maneras ya sabes que nos dió luz verde para seguir adelante con nuestra boda. Grecia asintió y le sonrió a su prometido, no podia negar su tristeza pero por otro lado tampoco podia arruinar algo que llevaban meses planeando, su boda con Emilio Ferrán, millonario heredero de farmacias Ferrán y asociados, un joven alto, delgado, rubio de ojos verdes de unos 28 años. —Grecia, te deseo —le dijo Emilio besándole el cuello a la muchacha y tocándole un seno —estamos a dias de nuestra boda, déjame hacerte mia ¿si? Grecia tragó grueso, estaba enamorada de Emilio, era un hombre encantador, educado, galante, inteligente, el sueño de cualquier muchacha de 25 años como ella, pero cuando llegaba el momento de intimar no sabia que le pasaba, ella prefería esperar, queria llegar virgen al matrimonio, sabia que eso era algo pasado de moda, pero para ella era muy importante, habia recivido una educación bastante conservadora, sus padres la habían tenido ya de cierta edad, así que era una muchacha un poco atípica para su edad y época. Emilio fue bajando la mano hasta tocarle la cara interna de sus muslos —me vuelves loco, no pienso en otra cosa que no sea en hacerte el amor. Grecia se sentia rara, como que un poco incómoda, intimidada, suponía que era por el hecho que no tenia experiencia sexual ninguna, creía que el hecho de no haber intimado nunca en su vida con un hombre le producía esa anciedad. —No Emilio, no sigas —le detuvo la mano —es...es mejor esperar, solo quedan unos dias, por favor. Emilio se levantó del enorme sofá donde ambos estaban sentados, respiró profundo y se pasó ambas manos por su cabeza. —¿Sabes lo dificil que es para un hombre reprimir sus deseos sexuales? Grecia solo bajó la mirada y no respondió nada. —Es dificil, muy dificil pero nada, yo hago ese sacrificio por ti y solo para que después no digas que no te amo y no te respeto. —Grecia sonrió —yo también te amo, eres lo mejor que me ha pasado en mi vida. —Entonces, ¿nos casamos en una semana pase lo que pase? —preguntó Emilio acercándosele y sonriendo como hombre enamorado. —Si amor, pase lo que pase, en una semana seré la señora Ferrán.—No entiendo que fué lo que pasó aqui, ¿quienes era esos hombres? ¿Porqué se llevaron a Grecia? ¿Porqué interrumpir nuestra boda, porqué? —se preguntaba Emilio mientras que caminaba de un lado a otro.Los invitados poco a poco se habían marchado todos, solo quedaban en la villa Emilio, sus padres, Emma y Pablo. —Emilio —preguntó Emma —¿tú no tienes ningún enemigo?Emilio tragó grueso, él sabía que detrás de su millonaria deuda había un potencial enemigo, pero no podía hablar, así que prefirió hacerse el tonto.—¿¡Yo!? Yo soy la persona más tranquila del mundo, te puedo asegurar que esto no tiene nada que ver conmigo.—Grecia también es muy tranquila —comentó Emma —no creo que ella tenga algún enemigo, pero bueno, uno nunca sabe, por eso mi pregunta.—Pues yo creo que deberíamos de llamar a la policia —dijo el padre de Emilio.—¡No! —reaccionó asustado Emilio —no, es mejor que no, porque...em... piensen, si es un secuestro y quieren pedir plata si llamamos a la policia podemos poner l
Grecia se echó a reír de manera escandalosa pero al ver que Draco no movió ni un pelo tragó grueso. —¿Tú estás bromeando verdad? —le preguntó nerviosa. —¿Acaso tengo cara de quien está bromeando? —Escúchame bien Ethan Draco—dijo seria Grecia—, jamás, por nada del mundo, ni en esta ni en 20 vidas más, yo me casaría contigo. —¿Ni por tu padre? —¿Qué… qué sabes de mi padre? —abrió los ojos y la boca por igual —¡tú lo tienes secuestrado! ¿Está aquí también? Grecia comenzó a caminar por toda la sala sin rumbo fijo —¡Papá, papá! —gritaba como loca —¿estás aquí? —Grecia —dijo Draco poniéndose un dedo en el tabique de su nariz —¡Grecia! —Ella se paró en seco al oír el grito. —Yo no tengo a tu padre secuestrado, jamás haría eso. —Entonces ¿porqué me lo mencionas? —Porque es la orden que él mismo me dió. —No te creo — le dijo Grecia acercándose —a ver, que pruebas tienes, dónde está el mensaje o la llamada o el correo electrónico que corrobora eso ¿eh? Draco respiró profundo y p
Draco, estaba en su casa, sentado en la oficina mirando la pantalla de la laptop mientras disfrutaba de un trago de whisky. —Rodriguez —dijo por teléfono —puede venir en una hora a mi casa, todo estará listo para ese momento. Dicho esto colgó la llamada y siguió viendo la pantalla de su computadora. *** —Suélteme, ¡seguridad!, le estoy diciendo que me suelte —gritaba a todo pulmón Grecia mientras se la llevaban cargada como a un saco de papas. —Grecia, atiéndeme —le dijo Hermes tratando de calmarla —yo no te voy hacer nada, no te voy a tocar ni un pelo, ni yo, ni ninguno de mis hombres ¿entiendes eso? —Entonces ¿porqué me están secuestrando? —preguntó asustada. —No te estoy secuestrando, más bien te estoy...digamos que rescatando, no puedo darte detalles, otra persona hará eso, lo mio es simplemente llevarte sana y salva de vuelta a tu casa. Grecia achicó sus ojos, no entendía nada —¿a mi casa?, no entiendo, mira, yo...yo tengo bastante dinero, puedo pagarte el doble de lo q
El resto del día había transcurrido con total calma, no hubo imprevistos, no hubo descoordinación alguna ni ningún cabo suelto, todo estaba perfecto, demasiado perfecto. —¡Grecia, estás preciosa! —¡Gracias!, tú tampoco te quedas atrás —le dijo a su amiga y dama de honor Emma. El traje de bodas de Grecia era un hermoso traje blanco bordado a mano y con pequeñísimos diamantes incrustados en el busto, era ancho de la cintura hacia abajo y no tenía cola, en cambio su velo era muy largo y la tiara que llevaba puesta era toda llena de diamantes un poco más grandes que los de su vestido, la había diseñado ella misma y después de la boda tenía planeado exhibirlo como parte de una colección privada que tenían en la cede principal de las joyerías. —Esto fuera perfecto si mi padre estuviera aquí—dijo Grecia bajando la mirada un poco triste. —Amiga, no te aflijas, el padre de Emilio te va a llevar al altar y si, ya sé que no es lo mismo pero si el señor Antonio no está aquí, debe ser
—Eso perra, eso ¡ah! chúpamela, así, así, ¡ah!, me vengo, me vengo, ¡ahhh! Emilio, se limpió su intimidad, respiró profundo varias veces para calmar su respiración agitada y se compuso su traje. —Pensé que no nos íbamos a ver más. —Sonia, ya te expliqué que aunque me case tú y yo seguiremos en lo mismo —se sentó en la cama —ven, siéntate aquí —Sonia lo obedeció —sabes bien que necesito hacer esto, tengo deudas, he desviado mucho dinero del negocio familiar, mis padres todavia no lo saben pero si se enteran me voy a ver metido en grandes problemas —Sonia asintió —una vez casado podré hacer uso del dinero de Grecia o incluso puedo convencerla de una supuesta inverción en un supuesto negocio, no sé, lo que se me ocurra en ese momento para saldar mis deudas. —Está bien, lo entiendo —Sonia le sonrió —pero...¿será para siempre? —¡No!, claro que no, esto solo va a durar un par de años, después que haya estabilizado mis finanzas, le pediré el divorcio, Sonia —le agarró el rostro— tú eres
—No le hagas caso —dijo Pablo —solo es como una niña refunfuñona. Pablo, además de abogado y socio de la compañia era amigo de Draco y el apaga fuegos de este, Pablo, abogado al fin era más político, podia controlar sus emociones, tenia la sangre fria, en cambio Draco, un hombre joven de apenas 33 años era muy explosivo. Grecia, cuando quería molestarlo, siempre le mencionaba lo de haber sido guardaespaldas, realmente eso no era nada denigrante, pero ella se lo decía como si lo fuera, con toda la intención de sacarlo de quicio. Ethan Draco era un hombre alto, de unos 1.90 de estatura, muy corpulento, trigueño y de ojos negros, llevaba el pelo bien bajito, como el militar que algún dia fue y se dejaba una barba de unos dos o tres dias, todo eso ligado a la cicatriz que le había quedado en su ceja derecha y su manera de vestir (siempre de traje) le daba un aspecto duro, temerario, nada que ver con los muchachos que rodeaban a Grecia, nada que ver con el propio Emilio, que tenía porte





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