Valentina lo citó en una sala privada del hotel Santa Lucía, durante un evento jurídico de alto nivel.
No fue casual.
Era territorio neutral. Visible. Elegante.
Y lo suficientemente cerrado como para que el fuego no se escapara.
Sebastián llegó puntual.
Traje negro. Mirada de lobo.
Pero por dentro, latía como una bomba.
Ella lo esperaba sentada, con una copa de vino entre los dedos y un vestido negro satinado que le abrazaba el cuerpo como una amenaza silenciosa.
—Pensé que no vendrías —dijo el