El sonido de sus propios pasos era lo único que oía mientras cruzaba el estacionamiento subterráneo.
Valentina sostenía las llaves con fuerza, como si pudieran protegerla de algo que no sabía nombrar.
El aire estaba frío. Denso. Como si la ciudad también la presintiera distinta.
Entró a su carro sin mirar atrás.
Encendió el motor.
Respiró hondo.
Y por fin, dejó caer la máscara.
La conversación con Sebastián le daba vueltas como una espina en la garganta.
"Si no eres mía, no serás de nadie."
No