Valentina caminaba por el pasillo del edificio como si no existiera el peso del mundo.
Tacones firmes. Espalda erguida. Boca dibujada en rojo sangre.
La secretaria la saludó con una sonrisa nerviosa, y ella apenas asintió, con la elegancia de quien no necesita esforzarse para dominar la escena.
Desde afuera, todo parecía en orden.
Impecable.
Pero por dentro…
Por dentro algo comenzaba a temblar.
Las palabras de Sebastián no la habían dejado del todo.
"No sé qué diablos me hiciste."
Se lo había d