Los días en el taller se habían vuelto una sinfonía de creación. Desde la llegada de Gabriel, el ritmo de trabajo se había acelerado de una manera casi mágica. Las risas de Layla, las palabras suaves de Fiorella, la concentración silenciosa de Gabriel y el zumbido constante de las máquinas de coser se habían fusionado en un eco armonioso que me llenaba el alma. Estaba tan ocupada que apenas tenía tiempo para comer o respirar, pero la fatiga que sentía era una dulce y bienvenida sensación. Estab