El eco de mis pasos resonaba en el largo pasillo del juzgado, un sonido que se sentía extraño en la solemnidad del lugar. El olor a papel viejo, a madera pulida y a un aire denso y pesado, me llenó los pulmones. Me sentía fuera de lugar, vestida con un sencillo vestido color crema que contrastaba con el ambiente de trajes oscuros y miradas serias. Dumas estaba a mi lado, su mano sostenía la mía con una firmeza que me daba la fuerza que necesitaba. Su presencia, tan sólida y tranquilizadora, era