El día del veredicto amaneció con un cielo nublado que parecía un reflejo de mi estado de ánimo. El nerviosismo me corroía por dentro, a pesar de que la lógica me decía que la prueba era irrefutable. El testimonio de Layla, las grabaciones de las cámaras de seguridad que Dumas había proporcionado, todo apuntaba a la culpabilidad de Lucas. Sin embargo, la ansiedad de no saber con certeza se sentía como un peso en el pecho. Me vestí con un traje sencillo, de un azul oscuro, y Dumas me llevó al ju