El aroma a antiséptico y a café recién hecho fue lo primero que me saludó. Abrí los ojos lentamente, el parpadeo inicial era una lucha contra la pesadez de mis párpados. La luz del sol que se filtraba por las persianas me hizo darme cuenta de que la oscuridad del sótano había quedado atrás. Estaba en una habitación de hospital, una habitación con paredes claras, con una ventana que daba a un cielo azul y un aire limpio. El sonido de la maquinaria médica era un suave pitido rítmico, un contraste