La bolsa con el pastel de chocolate era como un grito silencioso que contrastaba con la firmeza de Dumas de pie frente a mi puerta. Lo miré con el corazón en un puño, mi mente todavía era un campo de batalla. Él, que comenzaba a ser a alguien a quien confiarle mi intimidad, ahora me producía mucha confusión. A pesar de eso, algo en su mirada —una mezcla de súplica, arrepentimiento y una ansiedad que no le era habitual— me impidió cerrar la puerta de golpe. La imagen de él de pie, con esa expres