Tomé el teléfono y, con los dedos temblorosos, le envié un mensaje a Dumas. Al inicio me parecía una excelente idea pedirle ayuda a Dumas, fue el calor del momento, ahora que me encontraba viendo mi teléfono, estoy aterrada ¿Cómo le iba a pedir ayuda a un hombre que acababa de conocer, un hombre que, a pesar de todo, era una figura pública y un CEO de una de las empresas de moda más grandes del mundo? Aún así, la idea de no hacer nada me aterrorizaba.
Aina: Sí, me encantaría
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