Si alguien me hubiese dicho que iba a estar vestida con una de las franelas de Dumas Laurent, la noche de un lunes, probablemente me hubiese reído descaradamente en su cara. Mi reflejo en el espejo del baño del cuarto de Dumas era una mujer con una franela holgada y pantaleta de encaje con los ojos abiertos ¿Esto era real?¿Qué podía hacer a partir de ese momento?¿Salir y acostarme en su cama como si nada?
Salí del baño, luchando con unas incontrolables ganas de volver a entrar, lo primero que