Al amanecer, Ilein se incorporó lentamente en la cama, cuidando de no despertar a Máximo que seguía dormido a su lado. Después de asegurar que su respiración seguía siendo calmada y profunda, se deslizó hasta el borde del colchón, se envolvió en una bata y salió sigilosamente del dormitorio. En la sala de estar, tomó su teléfono del mesón y marcó el número que conocía de memoria. Tras unas pocas señales, la llamada fue contestada.
—Luca Bianchi —sonó la voz seria del otro lado de la línea.
—Ile