El sol de Milán bañaba el salón de su apartamento cuando el teléfono de Ilein vibró sobre la mesa de roble, justo mientras ella revisaba los diseños digitales de las telas para el lanzamiento. El número era desconocido, pero el código de área le dijo de inmediato de dónde venía: la sede de los Moretti en la ciudad. Con el corazón acelerándose, cogió el aparato con manos ligeramente temblorosas.
—Ilein Valentino —dijo con la voz más firme que pudo.
—No hace falta que te presentes, ya sé qui