La opulencia de la mansión Moretti le repugnaba a Máximo. Cada detalle, desde las guirnaldas de flores hasta las luces parpadeantes, gritaba una felicidad que él no podía sentir. Había venido a esta farsa de celebración con un propósito, y no iba a dejar que la atmósfera edulcorada lo desviara de él.
Vestía un traje oscuro, impecable, pero sentía que era una armadura incómoda. Su mirada buscaba a Ilein entre la multitud. La encontró, radiante en su vestido champagne, su figura era como una afre