Un mes después de la llegada de Ilein a Lyon, el sol brillaba con fuerza sobre el jardín de la casa de piedra blanca. Susy acababa de cambiar a Julliano —ahora más rellenito, con su cabello negro aún más espeso y sus ojos azules que seguían admirando todo a su alrededor— cuando escuchó un sonido familiar en la entrada.
Girándose rápidamente, vio a Salvatore parado en la puerta del jardín, con una maleta pequeña a sus pies y una sonrisa que iluminaba su rostro cansado pero feliz.
—¡Te dije que v