Seis meses habían pasado desde que Julliano naciera, y el invierno en Milán había dejado paso a una primavera cálida que parecía reflejar el cambio en la familia Moretti.
La tienda "Julia" había abierto sus puertas dos meses atrás en el distrito de Brera, y ya se había convertido en un punto de referencia para quienes buscaban diseño artesanal. Máximo llegaba todos los días antes del amanecer para organizar las prendas, revisar los pedidos y hablar con los artesanos que trabajaban con él.
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