Rocco, un hombre corpulento con cicatrices y ojos de piedra, se acercó a Camila y Dante con un paso pesado:
—Señores Ferrero, síganme. Les mostraré todo lo que nuestro establecimiento tiene para ofrecer.
El pasillo que los esperaba tenía puertas de madera oscura en ambos lados, cada una con un letrero que indicaba su propósito. Al abrir la primera, encontraron un cuarto con luces rojas tenues donde una pareja practicaba actos de sumisión, con la mujer amarrada a una estructura de cuero mientra