El día había comenzado de manera intensa; esta era una nueva estrategia de Máximo para alterarla. Volvió a sonar el teléfono y esta vez era una imagen.
Tardó un instante en cargar, y cuando lo hizo, sintió que la sangre se le retiraba de la cara para concentrarse en un solo punto de su cuerpo. Este hombre quiere acabar conmigo, pensó Ilein. Era una foto de su tanga de encaje negro, la que le había arrebatado esa noche. Pero lo que hizo que Ilein ahogara un gemido fue que Máximo sostenía la pren