El motor del deportivo negro calló en el estacionamiento subterráneo del edificio Moretti. Máximo ayudó a Ilein a bajar, sujetándola por la cintura cuando notó que sus piernas aún temblaban. Llegaron al departamento del piso 5, y al abrir la puerta, la luz cálida de las lámparas de pie iluminó el amplio salón con vistas a los tejados y torres de Milán.
—Aquí tienes todo lo que necesites —dijo Máximo, llevándola hasta el sofá y cubriéndola con una manta de lana—. Voy hacer que traigan minestron